Dr. Antonio Morilla González
CENID-Microbiología, INIFAP
amorillag@yahoo.com.mx

El programa de bioseguridad es muy complejo y con frecuencia el personal de la explotación lo lleva a cabo parcialmente (Carvajal 2002). En el caso de granjas de pavos Nespeca et al. (1997) y Vaillancourt (2003; 2005) reportaron que sólo se cumplían del 7 al 49% de las normas sanitarias y el resto no se hacían. Además evaluó si los visitantes se anotaban en el libro de registros o no. Para esto colocó una cámara de video y comparó las observaciones con las anotaciones. La conclusión fue que los visitantes no se anotaban en el libro de registro y entraban a la granja, como se observa en el cuadro 1.

Además revisaron si los visitantes cumplían con las medidas de bioseguridad estipuladas en las granjas y encontró que sólo se cumplían del 21 al 67% (Cuadro 2).

En un estudio hecho por Estrada et al. (2002) para eliminar la enfermedad de Aujeszky y mejorar las medidas de bioseguridad de granjas productoras de cerdos para pie de cría y de engorda, se encontró que el 90% de los porcicultores de pie de cría siguieron las recomendaciones técnicas que se les dieron, pero ninguno de los de cerdo para abasto. Se concluyó que el cumplimiento de las normas sanitarias fue debido al interés comercial de los productores de las granjas de pie de cría, porque les representaba una ventaja económica el vender animales y semen libres de Aujeszky en comparación con los de abasto.

En medicina humana se ha determinado el grado de incumplimiento de lo que el médico ordena y el paciente hace. Se ha informado que la frecuencia con que el paciente cumple con la prescripción ordenada por el médico es baja; para tratamientos cortos, en el mejor de los casos llega al 78%, y en los de largo plazo sólo lo cumplen del 33 al 54% de los pacientes (Vaillancourt, 2003).

Dufresne (1999) y Vaillancourt (2003, 2005) analizaron algunas de las causas por los que no se cumplen las medidas de bioseguridad y concluyeron que se encuentra el desinterés, desconocimiento, falta de educación sanitaria y supervisión, entre otros. Por ejemplo:

  • El dueño y los directivos de la empresa no tienen necesidad de mejorar la bioseguridad pues pueden comercializar los animales, productos y subproductos.
  • No hay interés del dueño, administradores y personal en capacitarse.
  • La bioseguridad se considera un gasto más que una inversión

No existe en la empresa un manual de buenas prácticas.

En la empresa existe desconocimiento de las Normas Oficiales Mexicanas que competen a la producción porcícola.

El dueño y el personal se frustran al ver que a pesar de que instauran medidas de bioseguridad las enfermedades siguen presentes en la piara. Esto puede ser debido a que la granja está localizada en un área de elevada densidad porcina y no se toma en cuenta que la bioseguridad es un concepto regional.

Debido al estigma que se asocia a la presencia de las enfermedades, no se informa a los productores vecinos ni a las autoridades sanitarias. Al no detener en un tiempo corto los brotes de enfermedad en una región se acaban contaminando todas las piaras. Cuando se llega a ese nivel es muy difícil establecer medidas de bioseguridad y eliminar o controlar una enfermedad de una piara, porque se infecta con facilidad de las vecinas.

Puede ser debido a la falta de educación sanitaria que hace que la percepción de cómo hacerlo y porqué, sea diferente en cada nivel. El veterinario da las recomendaciones sanitarias al dueño y a la gerencia, quienes ordenan llevarlas a cabo al encargado de la granja, el cual a la vez ordena a los empleados realizarlas.

A los empleados se les enseña cómo implementar las medidas pero no el porqué lo hacen; esto hace que las implementen de manera deficiente o no las lleven a cabo (Misener y Sanford 2002).

Se debe tener en cuenta el nivel educativo del personal que atiende a los animales pues en general es bajo. Por ejemplo en una encuesta hecha en granjas para abasto el 98% de los encargados de las granjas tenían menos de seis años de educación y en las de pie de cría el 67%; ellos eran los que ordenaban a los empleados cómo llevar a cabo las medidas sanitarias (Estrada et al. 2002).

No hay supervisión por parte de personal especializado de que se estén cumpliendo las normas. Se empieza haciendo una actividad pero si no se vigila constantemente con el tiempo se descuida (Kopperud y Johnson 2001).

A los empleados no se les ofrecen incentivos para hacer bienlo que se les ordena.

El incumplimiento de las normas está arraigado a la cultura de la población rural. Vaillancourt (2003) mencionó al respecto que “para mejorar la producción porcina ha sido posible modificar el hábitat, genética y costumbres de los cerdos para obtener el mayor provecho de ellos, sin embargo no se ha podido cambiar totalmente la mentalidad de los productores”.

En el cuadro 3 se presentan las prácticas estratégicas recomendadas para cumplir con las medidas de bioseguridad.

Referencias

  1. Carvajal MA: El porcicultor independiente intermedio. Desarrollo Porcícola. 2002; 72: 15-17.
  2. Dufresne L: Evaluating the economic return of health program. A.D. Leman Swine Conf. Minnesota, EUA. 1999; 26:193.
  3. Estrada E, González-Vega, D, Morilla A: Evaluación de un modelo sanitario para mejorar las piaras porcinas. XXXVIII Reunión Nacional de Investigación Pecuaria, 2002; pp. 277.
  4. Kopperud S, Johnson K: Vigilance is key. Animal Industry Foundation. 2001 Misener M, Sanford SE: Unraveling complications of faulty vaccine handling and improper injection techniques. IPVS. 2002; 17(2):376.
  5. Nespeca R, Vaillancourt J-P, Morrow WE: Validation of a biosecurity survey. Prev. Vet. Med. 1997; 31:73-86.
  6. Vaillancourt JP: Biosecurity: compliance issues. SDEC Biosecurity Workshop. A.D. Leman Swine Conf. Minnesota EUA. 2003; pp. 21
  7. Vaillancourt P: Effective biosecurity: The case for compliance and regional perspective. AASV. 2005; 277-282.

Los Porcicultores y su Entorno 66