Francisco Alejandro Alonso Pesado.
Departamento de Economía, Administración y Desarrollo Rural. Facultad de Medicina
Veterinaria y Zootecnia. Universidad Nacional Autónoma de México.
Teléfono.56225905.
Fax. 56225937.
falopesado@yahoo.com.mx

Araceli Maqueda Sánchez.
Departamento de Economía, Administración y Desarrollo Rural. Facultad de Medicina
Veterinaria y Zootecnia.
Universidad Nacional Autónoma de México.
aramaqueda@gmail.com

INTRODUCCIÓN.

En el país, la actividad productora de carne de cerdo presenta tres sistemas de producción siendo éstos: el sistema tecnificado, el semitecnificado y el de traspatio llamado también de pequeña escala, rural, familiar o artesanal(1).

El sistema de traspatio está representado por aquellas unidades de producción que manejan entre una y cincuenta reproductoras. Sin embargo, hay otra clasificación que establece que una granja a pequeña escala es aquella que maneja un máximo de 192 animales(1).

Las unidades de producción familiar se localizan no solamente en áreas rurales, además en zonas urbanas y periurbanas; en algunas ocasiones estas granjas se manejan artesanalmente, pero en otras imitan condiciones intensivas de crianza(1).

Con un porcentaje de distribución nacional aproximado de 30 por ciento. Este sistema en ocasiones presenta características de subsistencia; en otros momentos de ahorro, pero en otros muchos casos en granjas que pueden categorizarse como empresas de pequeña escala, y estas microempresas son manejadas no solamente por hombres, además la fuerza de trabajo es aportada por mujeres y niños, llegando a tener de uno hasta 300 porcinos(1,2,3).

Bajo la perspectiva del tipo de semovientes manejados en las unidades de producción, los porcinos en crecimiento y engorda representan el mayor porcentaje, seguido por las reproductoras, los lechones y los sementales(1).

En este sistema la etapa de lactación es igual o mayor a 28 días; en ciertos negocios de este sistema, la calidad genética es baja, y aunque la tendencia es hacia una mejora genética, la rusticidad y adaptación de los animales les permite a los productores eficientar (hasta cierto punto) su producción(1).

La alimentación de los cerdos del sistema familiar está basada en el uso de alimentos balanceados, desperdicios de las ramas de la industria alimenticia de las ciudades como: barreduras de panadería, pan duro, sémolas de trigo, tortilla dura, masa agria y desperdicios de verduras y frutas, otra fuente de alimentación para estos animales proviene de desperdicios de restaurantes, y de las propias casas que tienen adjuntas instalaciones para los animales(1,4,5).

Uno, entre varios, de los problemas a los que se enfrenta este sistema de producción es el escaso acceso a tecnologías adecuadas, ya que en ocasiones copian tecnologías de las empresas intensivas que no son idóneas para el sistema familiar; son varias las razones por las cuales no es compatible la tecnología de empresas tecnificadas con las del sistema familiar, una de ellas es: los altos niveles de inversión, esta inversión demanda de suficientes ingresos u otros activos mismos que no tienen los productores de este sistema(1,6).

Ante este contexto el trabajo tiene como fin hacer una breve reseña sobre la porcicultura familiar.

MATERIAL Y MÉTODOS.

Se recopiló material de fuentes secundarias, la información obtenida se seleccionó y se analizó. Algunos datos se incorporaron a las fórmulas.

a)

b)

Donde:

TMCA = Tasa Media de Crecimiento Anual

VF= Valor Final.

VP= Valor Presente.

n= Periodo (años).

1= Constante.

100 = Resultado expresado en porcentaje

DESARROLLO DEL TEMA.

Algunos estudiosos con perfil neoclásico (tecnócratas) han indicado que el sistema familiar tiende a ser cada vez menos importante en cuanto a las cantidades de producto que aporta al mercado y que en un futuro podría ser un sistema cada vez menos importante. Sin embargo, este sistema de producción realiza múltiples funciones, no solamente productivas, además sociales(1).

En países desarrollados existen productores que podríamos ubicarlos como porcicultores a pequeña escala, por ejemplo en algunos estados del sur de Estados Unidos (EU), se ha promovido entre veteranos de guerra y desempleados, la apertura de pequeñas empresas donde se lleva a cabo el proceso productivo tipo familiar(1).

La implementación de la crianza, distribución y comercialización del porcino como una estrategia de paliar la pobreza, es una alternativa que llevan a cabo gente de estratos sociales con limitados ingresos, ya que es un animal ideal para manejarlo en ambientes periurbanos y rurales en espacios pequeños, además se les puede alimentar de forma versátil, presentan hasta cierto punto, un buen rendimiento, rápido crecimiento, y de fácil venta; asimismo los productores tiene la oportunidad de producir chicharrón y carnitas, que son satisfactores altamente demandados por los consumidores del país; permitiéndole a los productores obtener un flujo continuo de recursos monetarios para casos emergentes(6).

No obstante que el mayor aporte productivo para las grandes ciudades del país proviene de los sistemas tecnificados y semitecnificados y del extranjero (vía importaciones), un porcentaje representativo de semovientes es producido en áreas locales a partir de los sistemas de producción familiar, ofertando en esas zonas el producto. En algunas zonas urbanas de la Ciudad de México por ejemplo, se informa que en el 2011 hubo una producción estimada de oferta de carne de cerdo de 7,000 toneladas proveniente del sistema de producción familiar(1,6).

De acuerdo a diversos estudios en los años 80 ́s del siglo XX, indicaban que en México se obtenía del sistema de producción familiar entre un 50 a 60 por ciento de la carne de cerdo para su consumo(1).

Este sistema viene aportando una menor oferta en razón a la disminución de la población rural y crecimiento acelerado de grandes urbes en el país. En 2010 la porcicultura artesanal ofertó del 28 al 30 por ciento del volumen de producción nacional de carne de cerdo(1,7).

Este sistema de producción absorbe una gran cantidad de fuerza de trabajo, se calcula en más de un millón de propietarios(1), además hay que sumar los empleos indirectos de otras ramas productivas conexas con la porcicultura de traspatio.

El sistema maneja desde un cerdo de engorda hasta varias centenas, y en otros casos diversas cantidades de hembras reproductoras.

En el Censo Agropecuario de 2009, el país contaba con un total de 9’000,000 de semovientes de ganado porcino, de este número de cabezas 3’246,000 correspondieron a animales de regular calidad genética, manejados en unidades de producción artesanal, aunque la cifra de 3’246,000 podría tener cierto margen de error, ya que la mayoría de estas unidades de producción recurren al sacrificio in situ; estas granjas se encuentran distribuidas en toda la República Mexicana; con una tendencia a ubicarse en los estados del centro y sur del país(1,6).

Algunas características de las granjas familiares a pequeña escala.

Este tipo de unidades de producción es una actividad donde participa la familia, éstas realizan tareas como asear las rústicas instalaciones (algunas no tan rústicas) y alimentar a los cerdos(1).

En un estudio se determinó que las personas participantes de las actividades fueron menores de 30 años en un 56 por ciento, y mujeres en un 69 por ciento; sin embargo en otro estudio más reciente se indica que 50 por ciento de las personas que manejan los cerdos de traspatio son jóvenes y adultos de más de 50 años(1,8).

Los animales criados en este sistema son bajo la lógica de producir como un mecanismo de ahorro y fuente de ingresos, ya que al interior de las diversas economías alternativas, la cría de porcinos es la que presenta un importante carácter comercial, asimismo, cuando los animales se canalizan al autoconsumo son fuente de alto valor nutricional ya que aportan proteínas, lípidos, vitaminas, minerales y otros nutrientes, a las familias de las comunidades(1,3,6).

En este sistema de producción animal, las instalaciones son generalmente corrales con paredes de mampostería o de madera, normalmente los techos son de lámina o de materiales que se encuentran en los lugares donde son manejados los cerdos(1).

Se albergan entre uno a diez cerdos en promedio, en pisos de tierra o parcialmente de concreto; los bebederos, también en su mayoría son rústicos, siendo tipo canoa o artesanal, así también los comederos son de canoa; en algunas ocasiones los pisos presentan un declive que desemboca en una canaleta que recoge los líquidos y los extrae de la granja hacia áreas de cultivo o hacia el drenaje público, asimismo los desechos sólidos se colectan manualmente, y se almacenan en tambos de plástico para que posteriormente se haga uso de ellos(1).

Muchos de los productores del sistema familiar no tienen superficies agrícolas, por lo que el desecho de los sólidos se les complica y muy pocos tienen sistemas de tratamiento de excretas, por lo tanto, contaminan el entorno donde se encuentran las unidades de producción(1).

En este sistema la lactancia es más prolongada con respecto a las granjas
intensivas, ya que su duración es de 28 a 35 días(1).

Estas unidades de producción presentan en sus hatos, animales de diferente calidad genética, lo que se refleja en índices productivos, más en concreto en camadas con pocos cerdos y un índice de conversión menos eficiente que en los sistemas tecnificados, sin embargo el costo por alimentación podría ser menor, en razón a los insumos alimenticios que utilizan, es importante indicar que el costo por alimentación es el que tiene una mayor incidencia porcentual para producir un kilogramo de carne de cerdo.

Por otro lado, la rusticidad que presentan estos animales les permite adaptarse a medios ambientes desfavorables y de alimentación(1).

Sin embargo, hay productores que tienen semovientes de alta calidad genética, esta calidad es obtenida a través de la inseminación artificial.

La alimentación en este sistema de producción artesanal es muy variada en cuanto a sus fuentes. Los productores incluyen en sus dietas desperdicios de comida que son generados por los propios propietarios, además les suministran desperdicios de restaurantes, frutería y otros ingredientes. Sin embargo, algunos productores llegan a comprar alimentos balanceados que en ocasiones no son de buena calidad resultando en un mayor costo de producción(1,9).

Los pequeños productores porcícolas presentan una lógica de producción diferente a la lógica de producción intensiva y semiintensiva, estos dos últimos sistemas organizan su producción bajo el objetivo de maximizar sus ganancias; en cambio los productores a pequeña escala pretenden ahorrar bajo su sistema. Sin embargo, en la actualidad los productores artesanales están vinculados al mercado a través de la compra de insumos y venta de sus excedentes productivos.

Estos pequeños productores, indican que el alimentar a sus animales con desechos es una forma de abaratar costos de producción, aunque su ciclo productivo se alargue en número de días para llegar al mercado con el peso exigido. En su lógica productiva, es una racionalidad sin objeciones(1,10).

En un gran número de ocasiones, este sistema productivo no lleva a cabo un control reproductivo y un macho puede montar a una o a otras hembras, es necesario subrayar que no se llevan registros, los animales no se identifican(1).

En otras ocasiones se implementa el arrendamiento del semental, con el enorme riesgo de contraer enfermedades, mismas que se pueden transmitir de una a otras granjas(1).

Como se mencionó con anterioridad en estas unidades de producción no se llevan a cabo registros, por lo que no se tiene información referente a la situación de la unidad de producción con respecto a número de partos, días abiertos, lechones destetados por hembras en cierto tiempo. Asimismo, no se tiene información referente a los índices de conversión alimenticia y tiempos de engorda(1,11).

La bioseguridad en el sistema de producción a pequeña escala es prácticamente inexistente; no se establecen como prácticas básicas diagnóstico de enfermedades, ni asistencia técnica veterinaria, lo que configura un escenario de riesgo para la salud de los animales y de las personas que manejan y consumen los productos porcícolas(1).

Estos productores consideran como costos el tratamiento de sus animales y no como una inversión, es verdad que hay que realizar desembolsos para llevar a cabo una medicina preventiva. La bioseguridad trae ventajas como no retrasar a los cerdos en su crecimiento, de tal forma que no se prolonguen los días de producción, disminuyendo costos, entre éstos, los de alimentación. Para estos productores seria más económico prevenir las enfermedades que tratarlas. Sin embargo, en ocasiones no tienen oportunidad de una asesoría técnica especializada, y llegan a adquirir medicamentos a precios elevados y no indicados para el tratamiento específico de esa enfermedad(1,12).

Uno de los “cuellos de botella” presente en este sistema de producción de traspatio es el referente a la distribución y comercialización del producto, ya que no cuentan con un mercado definido y sus mercancías son comercializadas a intermediarios o carniceros locales(1,13). Estos productores de ninguna manera son fijadores de precios, si no tomadores de éstos, es decir venden al precio que “corre” en el mercado.

La venta de porcinos de traspatio tiene como fin principal ofrecer al consumidor carne de cerdo y subproductos. Estas empresas venden lechones destetados para su crianza y finalización, además incluyen la maquila de sementales y animales reproductores que han finalizado su vida productiva. El sistema ofrece para su venta animales cuyo peso oscila entre 90 y 105 kg(1).

Venden a lo que se denomina “el bulto” (un valor acordado por animal en la transacción económica), y por el peso vivo del semoviente pesado en la unidad de producción, propiedad del productor.

Es de suma importancia señalar las ventajas que presenta este sistema de producción campesino, es así, que estos productores no realizan grandes inversiones en activos fijos como: instalaciones, equipo con motor, sin motor y cómputo; en general son instalaciones simples de inversiones relativamente fáciles de financiar. Es activo adaptable a las etapas fisiológicas en la que se encuentran los cerdos para engordar o las hembras reproductoras(1).

El hecho de que en este sistema se tienen pisos de tierra y sobre esa superficie “asentar” camas de paja, de esquilmos, de cascarilla de arroz, etc., provoca una menor incidencia de problemas de los miembros locomotores de los animales. En contraste con los sistemas intensivos con pisos de concreto; por otra parte los pisos de tierra estimula a los cerdos a estar más activos, condición que conduce a un mayor consumo de alimento, lo que conduce a acortar el ciclo productivo disminuyendo costos o que éstos aumenten más lentamente(1).

Los lechones de hembras lactantes se desplazan en este tipo de suelo (actividad normal en ellos) lo que conduce a que consuman alimentos sólidos a más temprana edad(1), en relación con los otros dos sistemas (el tecnificado y el semitecnificado)(1).

Este tipo de manejo es benéfico en la etología de los animales, mejorando su bienestar: disminuye la pasividad, angustia y esteriotipias que llegan a presentar los cerdos en confinamiento(1). Además, se desarrollan comportamientos como: mayor interacción social, exploración y hozar, todos ellos comportamientos propios de la especie(1).

Este sistema disminuye comportamientos anormales como mordedura de orejas y cola; además se presenta con menor frecuencia que unos cerdos molesten a otros; todos estos hechos responden a las exigencias de los consumidores y otros actores económicos, buscando que los cerdos se encuentren en un ambiente de manejo de mayor “confort”(1,14,15).

En el caso de alimentación, las unidades de producción familiar presentan algunas ventajas, ya que al utilizar como insumos alimenticios excedentes de cosechas o sobrantes de las regiones rurales, se configuran menores costos de producción(1), hay que subrayar que el alimento es el insumo con mayor relevancia en costos (en algunas ocasiones hasta un 70 por ciento, en sistemas de producción intensivos y semiintensivos).

En el caso de productores ubicados en zonas periurbanas, estos obtienen para sus animales desperdicios a precios muy bajos de restaurantes y de otro tipo de establecimientos de comidas(1).

Sin embargo, el uso de estos insumos, se lleva a cabo de forma empírica lo que acota las ventajas de menores costos, por lo que se hace necesario asistencia técnica especializada(1).

CONCLUSIONES.

Es importante establecer que no se debe recomendar a los productores de traspatio imitar sistemas de producción de consorcios intensivos y de granjas semitecnificadas, los productores a pequeña escala presenta una lógica de producción diferente a los sistemas de producción intensivos y semiintensivos. El sistema de producción de traspatio presenta una lógica de producción de autoconsumo, ahorro y otros beneficios, además no tienen los recursos de capital para integrarse en diferentes eslabones de la cadena de valor, este sistema no está estructurado de acuerdo a los otros dos sistemas porcícolas(1).

Se debe llevar a cabo un ejercicio de análisis, evaluación y llevar a cabo un diagnóstico lo más completo posible para ir mejorando el sistema, incluyendo aspectos técnicos específicos, además económicos – administrativos(1).

Por otro lado, es sumamente relevante que entienda el pequeño productor que tecnificar no es hacer empresas de mayor escala, o adquirir cierta cantidad de equipo con motor o sin motor de moda; la tecnificación en este sistema de producción, es la implementación de técnicas adecuadas de manejo en alimentación, reproducción, bioseguridad y respeto al medio ambiente(1).

Literatura Citada.

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Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno Julio-Agosto 2019